Día 13/11. Pokhara a Katmandú.

Me levanto pronto y bajo a desayunar sin esperar a nadie. Dispongo de un par de horas para dar una vuelta por Pokhara y quiero aprovecharlas.


Bajo hasta el lago, que está muy cerca del hotel. Es una zona turística y no sólo para occidentales. Se alquilan barcas con las que poder atravesar el lago y subir a la pagoda que hay en la montaña que hay justo en frente del embarcadero, desde donde tiene que haber unas vistas increíbles del Machhapuchhre y el Dhaula Giri.


Una vendedora se acerca para ofrecerme las láminas con vistas de la zona en la que nos encontramos. Son muy bonitas, pero al ser ya zona turística desconfío del precio que me pueda pedir. La respuesta me sorprende: 100 rupias. Por supuesto, se me pasó por la cabeza la idea de regatear, pues aquí hay que regatear siempre, pero, la verdad es que por 100 rupias no me merece la pena ni abrir la boca, y, además, no me parece correcto. 100 rupias es un precio correcto, barato, muy barato, si me apuras, pues en Katmandú estas láminas cuestan 250 rupias o más. Elijo un poster de 80x30 que tiene las vistas que hay desde la pagoda del pico que hay frente a Pokhara y pago sin más.


Doy una vuelta por la orilla del lago, donde veo que hay multitud de bares y restaurantes. Vuelvo a pasar por delante del embarcadero y compro otro poster más, esta vez con la vista del Everest desde el Kala Patar. Supongo que será mi próxima visita. Siento la llamada.

Pokhara me ha parecido una ciudad muy agradable. Buen punto para realizar actividades de aventura. Me hubiese gustado pasar un día entero en esta ciudad, pero no ha sido posible. Vuelvo al hotel a por mis cosas para cargarlas en el bus que nos lleva al aeropuerto.


El aeropuerto de Pokhara está muy cerca del lago. Es un aeropuerto pequeño al que vuelan aviones pequeños (30 pasajeros). Hay una constante entrada y salida de vuelos. Los aviones son de hélices. Hacen mucho ruido y al entrar en el avión la azafata nos ofrece algodón para taparnos los oídos. No he andado muy espabilado en el avión y primero me he sentado junto a una de las alas, y después me he sentado en el lado contrario a las vistas. Cuando el avión despega se ven todas las montañas desde lo alto.

En Katmandú volvemos al hotel Yak and Yeti. Nos reunimos todos para la explicación de lo que van a ser los siguientes días del viaje. Algunos vuelven a España, otros van a Nagarkot, y otros visitarán también Lumbini. Yo me quedo en Katmandú. Tenía ganas de conocer la ciudad.


Por la tarde me acerco a ver el hotel que he reservado para mis días en solitario en la ciudad. Está muy cerca del Y&Y. Después voy con dos compañeras a visitar la plaza Durbar de Katmandú y sus alrededores.


La entrada a la plaza Durbar cuesta 1000 rupias. Según te acercas a la entrada un amable guía te explica que has de comprar una entrada en la caseta y que es válida para un día, pero si dispones del pasaporte y de una foto, vas a la oficina que está junto al palacio de la Kumari y te hacen un carnet con el que puedes entrar y salir todas las veces que quieras. También se ofrece como guía para acompañarnos en nuestra visita. Preferimos ir por nuestra cuenta.


Se notan mucho los daños que causaron en los edificios de la plaza el terremoto de 2015. Algunos se han caído completamente. La mayoría están apuntalados. Hay un barullo insoportable de motos yendo y viniendo por la calle. Pensé que la zona estaría cerrada al tráfico, pero no es así. El único sitio tranquilo es la plaza que hay junto al palacio de la Kumari y que es donde se encuentra la oficina donde te hacen el carnet para acceder libremente a la plaza Durbar. Mis compañeras se hacen el carnet. Yo no tengo conmigo ni una foto ni el pasaporte, así que tendré que volver al día siguiente.

Nos metemos en uno de los bares que tienen terraza en lo alto del edificio para tomar algo. Finalmente, además de beber, comemos unos momos y unos tallarines. Hay buenas vistas de la plaza, pero no son espectaculares. Está anocheciendo y se nota la caída de la temperatura. Ya no se puede estar en manga corta y yo no tengo nada que ponerme.

Abandonamos la plaza dando un rodeo, visitando otras calles de la zona y viendo algunas tiendas antes de volver al hotel.

Día 14 al 19/11. Katmandú y alrededores.

Este primer día de estancia en Katmandú tenemos todo el grupo una visita guiada a la ciudad. Me despierto muy pronto y antes de desayunar voy a la plaza Durbar a obtener el carnet para entrar y salir sin limitación. Enseño en la caseta la entrada del día anterior sellada en la oficina y les digo que voy a hacerme el carnet. El único que me presta atención es uno de los guías, que obviamente se ofrece a que le contrate.


La obtención del carnet es muy rápida. El plazo de validez es el de tu visado de estancia en Nepal, por eso te piden el pasaporte. Lo demás es rellenar las casillas y estampar un par de sellos, tras lo cual vuelvo raudo y veloz al hotel a desayunar. Todo el viaje me ha llevado justo una hora.


Después de desayunar ya estamos reunido todo el grupo para comenzar la visita guiada. Visitamos en primer lugar el templo de Swayambhunath o templo de los monos, al oeste de la ciudad. Después vamos a la ciudad/barrio de Patan, al sur, donde hacemos una visita muy rápida y donde algunos compañeros aprovechan para comprar un cuenco tibetano. La siguiente parada es el templo de Bouddhanath en la parte este de la ciudad. Allí paramos para comer. No vamos muy bien de tiempo y la parada para comer hace que ya no podamos visitar el templo de Pashupatinath. Volvemos al hotel con un buen atasco.

Por la noche cenamos todos los miembros del grupo juntos en un restaurante en el que nos invita la agencia nepalí, Thamserku. Comida estilo europeo, servida al estilo europeo. El restaurante al que nos llevan está aún en obras.

Al día siguiente, bajo a desayunar algo tarde. Cuando entro en el comedor están aplicando pomada en el pie a una de las compañeras que vuelven hoy a España. Parece que mientras preparaba la maleta en la habitación ha pisado mal. Tiene el pie bastante hinchado. Después del desayuno preparo mi maleta para trasladarme a mi nuevo hotel: Taleju Boutique Hotel, un hotel que ha abierto hace un par de meses. Las fotos del hotel en internet daban la impresión de estar nuevo, o por lo menos no tenía el toque rancio que tenían todos los hoteles que veía. Además, no me salió caro, ya que entre promociones y descuentos me costó unos 25 euros la noche incluido el desayuno.


Después de acomodarme en mi nuevo hotel vuelvo al Y&Y. Ya solo quedan los cuatro compañeros que vuelven a España. El resto está ya de camino a Nagarkot. Ayudo en lo que puedo a mi compañera lesionada y estoy con ello hasta que se marchan al aeropuerto. Ya estoy solo.


Por la tarde visito tranquilamente el centro de Katmandú, hasta la plaza Durbar y después vuelvo al Thamel a cenar por allí y ver alguna tienda de ropa de montaña.

En mi segundo día en Katmandú visito el templo de Swayambhunath o templo de los monos. Está al oeste de la ciudad, a unos 3,5 kms. desde Thamel, así que como tengo todo el día, voy andando. Me levanto pronto y desayuno en el hotel, un desayuno bastante completito. Tras el desayuno, y con el gps a mano, comienzo la ruta hasta el templo. En realidad no es un gps. Utilizo una aplicación gratuita para el teléfono móvil: Navigator, que, aunque es una aplicación para el coche, también se puede consultar un mapa plano y te indica con precisión en qué punto te encuentras. Lo demás es saber leer un mapa. Atravieso diferentes zonas de la ciudad, más o menos tranquilas. El tráfico en esta ciudad es imposible y además hay tanto polvo que la garganta me molesta bastante. Atravieso el río Bishnumati, básicamente una cloaca de aguas fecales, sucio y mal oliente. Los ríos de la ciudad están muy sucios, sin embargo, Katmandú no es una ciudad sucia.


Visito con más tranquilidad el templo. El día anterior accedimos al interior por la entrada de coches. En esta ocasión accedo por la escalinata, un tanto larga y empinada. Ya por aquí hay bastantes monos, por lo que recuerdo que no hay que mirarles fijamente ni hay que enseñarles los dientes, no sea que se piensen que soy una amenaza y me ataquen, en cuyo caso, tienen todas las de ganar. Hoy hay menos gente en el templo que el día anterior. Aprovecho para tomar fotos y comprar unos imanes para la nevera y el mapa de la ruta al campo base del Everest (siento la llamada de lo salvaje)


Vuelvo al centro por un camino diferente al de ida. La zona es muy, muy, muy humilde. Pobre. No obstante, me llama mucho la atención que hay algunas joyerías, pese a ser un barrio humilde. Supongo que aquí la forma de ahorrar de la gente es comprar pendientes y anillos de oro. También me llama la atención ver un gimnasio. No es zona turística, así que ha de ser para la gente del barrio, que repito, no tienen pinta de tener dinero extra para ir al gimnasio. También he visto 2 chavales oliendo pegamento. Según las guías de viaje, se ven bastantes por las calles, pero yo son los únicos que he visto en el viaje y porque me he puesto a callejear. Mis compañeros no llegaron a ver ninguno.


Por la tarde voy de nuevo a la zona de la plaza Durbar. La idea es visitar la parte sur de la plaza, siguiendo el itinerario de la guía Loly. Me asomo al palacio de la Kumari y veo que hay bastante gente, parece que la Diosa va a asomarse al balcón, pero antes ordenan a todos los turistas que guardemos las cámaras pues no se pueden tomar fotos. Cuanto parece que está todo en orden se asoma a la ventana. No hace ningún gesto. No sonríe, ni saluda, ni … nada. Simplemente se asoma y nos mira. Al cabo de 30 segundos vuelve adentro.


La parte sur de la plaza tiene poco que ver. En esta zona se notan bastante los daños del terremoto, pero no tiene nada que me llame la atención salvo algún templo curioso.


Ceno en Thamel, doy una vuelta para bajar la comida y me vuelvo al hotel, pero antes paro para comprar una mascarilla. Ya no puedo más con el ambiente de la ciudad. Demasiado polvo que hace que termine con la garganta como si tuviese alambre de espino. Por 30 rupias hay todas las que quieras, de tela con dos gomitas que te las sujetan por las orejas.

El tercer día tengo una buena caminata. En total unos 14 kilómetros ida y vuelta entre la locura del tráfico de la ciudad. En primer lugar voy a visitar el templo de Pashupatinath, al este de la ciudad, junto al río Bagmati. Es el lugar donde queman a los difuntos. La entrada cuesta 1.000 rupias. El templo está dividido en dos partes, una parece que es donde limpian y preparan a los difuntos y otra donde los incineran en una pira. Hay 2 piras ardiendo y en el otro lado están preparando a un difunto. Me coloco en las gradas que hay justo en frente cruzando el río. Después continuo subiendo por la escalera hasta el templo de Gorakhnak, en la parte más alta y donde prácticamente no me encuentro con nadie. Continuo hacia abajo hacia el templo de Shree Guhyeshwori, que es por donde salgo de nuevo a la ciudad. En este último templo se está celebrando una boda indú.
De nuevo en la ciudad me dirijo al templo de Bouddhanath, algo más al noroeste. Las calles por las que voy están sin asfaltar. Son tremendamente polvorientas y la zona muy humilde. Hay menos jaleo de tráfico en esta ruta que en la de llegada al templo de Pashupatinath. Doy una vuelta tranquilamente a la enorme estupa y aprovecho para comer en el mismo lugar que comí el día anterior. Es económico y está bien, aunque no había sitio y tuve que ir a un par de restaurantes más que también estaban llenos. Cuando volví, ya había sitio.

Termino la visita y vuelvo al centro por un camino diferente al de ida por evitar al máximo la locura del tráfico, pero no es posible salvo en algunos puntos del trayecto.


Por fin en el centro vuelvo al hotel y quedo para cenar con algunos compañeros que ya han vuelto de Nagarkot. Es una cena breve, pues están todos cansados y no quieren moverse mucho. Como me gusta caminar después de cenar, me doy una vuelta por Thamel a ver tiendas de ropa. Sigo sin ver nada que me llame la atención ni que esté a buen precio.

Para el último día completo en Katmandú sigo los consejos que me dieron mis compañeros la noche anterior y voy a visitar Bhaktapur, una ciudad que se encuentra a unos 15 kilómetros al este de Katmandú. Me ha decepcionado tanto Katmandú, que no tenía muy claro que me fuese a aportar algo la visita a Bhaktapur, además, estoy algo justo de dinero nepalí y no quería cambiar mucho pues ya no me queda casi tiempo en el país y no quiero que me sobren rupias, salvo las que guardo para coleccionar. Finalmente decidí hacer la visita. Hice cuentas de lo que me iba a gastar para cambiar el dinero justo: por lo que me comentaron otros viajeros, un taxi a Bhaktapur sale por unas 1000 rupias después de regatear y la entrada cuesta 1.500 rupias, a lo que hay que sumar unas 500 rupias de comida.


Busco un taxi preparado para regatear. El primer precio que me da el taxista es de 1000 rupias, por lo que me descuadra un poco el planteamiento del regateo ya que ese era el precio que pretendía conseguir. Sin mucho regateo acordamos 900 rupias. Supongo que podría haberlo dejado en 600 ó 700, pero no he andado muy espabilado.


El taxi me deja a la entrada de la ciudad antigua. Primero hay que sacar la entrada, cosa bastante fácil, pues siempre hay alguien que te dirige a la taquilla para después ofrecerte sus servicios como guía por unos 300-500 rupias. Prefiero estar solo y andar a mi aire.


En la plaza principal se notan mucho los efectos del terremoto. Hay gente trabajando para arreglar los daños. Doy una vuelta por la ciudad. Es una ciudad tranquila, sin el barullo de tráfico que hay en Katmandú. Los edificios están construidos de ladrillo y son bastante vistosos. Me gusta esta ciudad. Hay que visitar 4 plazas: la plaza Durbar, la plaza de la cerámica, plaza Dattatraya y la plaza Thaumadi, también hay varios aljibes en la ciudad, aunque no me dicen nada.

Mucho me gusta la ciudad y la plaza Thaumadi me ha llamado mucho la atención con sus altísima pagoda. He comido en un restaurante que está junto a esta pagoda, aunque ahora que lo pienso, tenía que haber entrado en uno de los que hay enfrente para poder tomar mejores fotos. La próxima vez.


Vuelvo a la plaza Durbar y me encuentro con algunos de los compañeros que han vuelto hoy desde Lumbini y han querido hacer una visita rápida a Bhaktapur. Les acompaño por la ciudad y les indico sitios que me han llamado la atención.


Antes de volver a Katmandú charlamos con unos cicloturistas españoles que nos cuentan que vienen pedaleando desde Georgia, pero que en India han dejado de pedalear porque veían que su vida corría peligro. En Nepal, pese a lo caótico de la circulación, nos comentan que son mucho más cuidadosos y respetuosos. De hecho, he de decir que en los días que hemos estado por la ciudad no hemos visto ningún golpe, lo cual, dado lo desordenado del tráfico, nos sorprende y extraña a todo nuestro grupo.

Hay que buscar transporte de vuelta. Saliendo de la plaza, a la derecha de la taquilla bajan unas escaleras que nos llevan a una zona donde, según nos han comentado, hay bastantes posibilidades de transporte al centro. No es así en el momento en que llegamos, que sólo hay 2 vehículos, que, aunque suficientes para llevarnos a todos, no nos dejan muchas opciones de ajustar precio. Sin regatear demasiado conseguimos 2 vehículos a 900 rupias cada uno.


Por la noche hemos quedado todo el grupo para cenar juntos. Cenamos en una pizzería que hay a la entrada del Thamel, frente al Garden of dreams. La pizzería está de bote en bote. Todos los clientes son extranjeros. No está mal la pizza, aunque no es mi plato favorito. Cena por 1.500 rupias.


El último día en Katmandú aprovecho la mañana para ver si puedo comprar unos pantalones y gastar las últimas rupias que me quedan. Me costó bastante encontrar un pantalón que me gustara, y más me costó encontrarlo a un precio adecuado. Finalmente, conseguí por 15 euros un pantalón que está bastante bien para invierno. Mi táctica de regateo funcionó en esta ocasión. También he comprado varias cajas de té de diferentes variedades (tulaisi, ilam y masala) por unas 120 rupias cada cajita con 25 bolsitas. 


Como en mi hotel, y después me acerco al Y&Y donde mis compañeros ya están esperando el bus que nos llevará al aeropuerto. Facturamos y pasamos los controles de seguridad bastante rápido, y lo demás sólo es echar horas de vuelo, con una escala en Doha que nos llevó algo más de tiempo por la cantidad de viajeros que había en el control de tránsito.


Llegamos a Madrid una hora antes de lo previsto.


Ya tengo ganas de volver. Siento la llamada